
Únicamente la revelación ha podido desentrañar el misterio de las visiones dadas por Dios al apóstol Juan, y el mensaje profético que contienen que nadie pudo ver aunque muchos lo hayan investigado. Sólo Dios pudo quitar el velo en el que ha estado envuelto el Apocalipsis cerca de dos mil años. Ahora todos podemos comprenderlo, y entender porqué el Apocalipsis concluye prohibiendo el añadir o quitar nada a lo escrito en él. Cada signo es como un hilo en un entretejido encaje, en donde cada uno de ellos es imprescindible para el acabado perfecto de la obra.

“No selles las palabras proféticas de este libro”, decía entonces el Señor (Ap.22,10). Hoy Dios ha puesto su sello, y todo el que lea la “La Verdad del Apocalipsis” podrá testificar que es revelación. Así lo predijo el profeta Isaías (Pág. 3).

El mensaje profético del Apocalipsis va dirigido principalmente a levantar la Iglesia antes de los últimos tiempos. Dios reclama a las iglesias que se despojen de sus propias construcciones, de sus verdades, y se unan en Cristo, en la Verdad del Evangelio, para mostrar el Rostro de Cristo porque el mundo necesita oír su voz.
Llamada apremiante a que estemos preparados ante el combate final que hemos de afrontar.
¡Algo muy distinto a lo que habíamos visto hasta ahora sobre el Apocalipsis
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