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Llamada especial a las Iglesias.

¡El Apocalipsis proclama la unidad en la única Iglesia de Cristo!

LAS IGLESIAS HAN DE DESPERTAR Y VER LO QUE EL SEÑOR QUIERE DECIRLES HOY MUY ESPECIALMENTE A ELLAS, EN ESTAS REVELACIONES QUE NOS LLEGAN DESPUES DE CASI DOS MILENIOS DE ESCRITO EL APOCALIPSIS

Nuestra misión es sembrar. Aquí hay una siembra que a Dios nuestro Señor le corresponde regar con su lluvia y hacer crecer para bien de muchos.

La Nueva Jerusalén la Novia del Cordero

Vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existe más (Ap.21,1).

La primera tierra y el mar que desaparecen se refiere a la vida de los que aún estamos aquí, en esta lucha en la que unos son tierra para ser sembrada por la Palabra y dar frutos (primera trompeta) y otros están en ese mar que es el estado de  los que aquí viven la Vida en Dios (segunda trompeta).

Recordamos una vez más que cielo es todo lo que está velado  para nosotros aquí. Pero ya en ese momento final, habrá un cielo nuevo, por la Luz poderosa que se hace en todos, y una tierra nueva porque todos estarán convertidos, viven llenos de Dios por el poder del Espíritu Santo. Ya habrá pasado todo lo viejo y todos estarán en la plenitud que Cristo vino a traer para todos.[1]

Es el Día, la hora de la manifestación de la Nueva Jerusalén, como se dijo en las siete plagas: “Se abrió el Santuario… se llenó del humo que salía de la gloria de Dios y de su poder. Nadie podía entrar en el Santuario hasta la consumación de las siete plagas de los siete ángeles”.[2] Entrarán después los últimos salvados, purificados en la tribulación final, los que son tierra nueva, y viven un cielo nuevo. Se unirán en el encuentro con el Señor “en los aires”.[3]  Se explica en el siguiente versículo:

 

 Y yo, Juan, vi la Ciudad Santa, la Nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una novia ataviada para su esposo (Ap.21,2).

 

El cielo nuevo y la tierra nueva, los que estén aquí en ese momento,   llenos del Espíritu Santo, vivirán en la plenitud, elevados sobre todo, vivificados, llenos de la gloria, que se une a la gloria que desde el Padre inunda a la Nueva Jerusalén, y se hace presente Jesucristo, como está escrito. Al hacerse presencia los arrebata y se funden en uno. Ésta es la visión: la ve bajada del cielo, y su gloria es como la de una novia ataviada para su esposo. Aún no habrán sido "las Bodas del Cordero". Será esta Nueva Jerusalén, tal como dice la voz:

 

Y oí una gran voz del cielo que decía: “He aquí la morada de Dios con los hombres, y él morará con ellos, y ellos serán su pueblo y el Dios con ellos, será su Dios  (Ap. 21, 3).

 

El Dios con ellos es Jesucristo a la derecha del Padre, y todos unidos en Cristo: la morada de Dios con los hombres. Así nos dio a saber: “Que sean uno… yo en ellos y tú en mí… quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplen mi gloria”. [4] Están aún a la espera de subir a la gloria eterna.

 

Enjugará Dios toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá mas llantos, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado” (Ap.21,4).

Y así lo confirma otra vez la voz de Dios desde el Trono:

Y el que estaba sentado en el trono dijo: “He aquí,  yo hago nuevas todas las cosas”. Y me dijo: “Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas”. Y me dijo: “Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la Vida (Ap.21, 5-6).

Todo es nuevo, viven felices, pero aún tendrán sed de Dios, anhelan más de Dios: la eternidad que vendrá después, la unidad en el Padre, cuando sean  “Las Bodas del Cordero”. En ese estado aún el espíritu está en cada alma, cada alma espera el premio, porque  es la Novia, “envuelta en el humo de la gloria de Dios”.[5] Luego a la Jerusalén Eterna, llegará cada espíritu, a la unidad con el Padre.

 

El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios y él será mi hijo (Ap.21,7).

No habrá ningún otro estado en el que se perdone ya ningún pecado porque allí todo es puro. Por esto Jesús dijo que ni en este mundo ni en el otro se perdonaría el pecado en contra del Espíritu Santo[6]. Es el Espíritu Santo el que nos lleva a Cristo, y quien lo rechace, por sí mismo nunca podrá llegar. Es Cristo el que nos justifica y nos une al Padre. Y aquí vuelve a recordar que a la Nueva Jerusalén, no podrán entrar los impuros:

 

Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (Ap. 21,8).

Y por fin, sí se muestra a la Novia convertida ya en  Esposa del Cordero, en los siguientes versículos.


[1](Jn.10,10)  2(Ap. 15, 5-8)  3(1Tes.4,17)

El texto bíblico completo correspondiente a este tema se encuentra en la pág. 254

 4(Ap.21, 4)   5 (Ap.15,8)  6(Mt.12,32)

 

Advertencia

Para poder comprender la misión profética de este libro, que es constructiva como todo lo que viene de Dios, ha de leerse completo.

Cualquier juicio de valor al interpretar sólo estos versículos, sería erróneo.

Este texto continúa en el libro

 

Misión Profética del Apocalipsis
Tema I Misión Profética del Apocalipsis
    
La Verdad de las 7 Trompetas del Apoc.
Tema IV La Verdad de las 7 Trompetas del Apocalipsis
    

La Verdad de las Cartas a las 7 Iglesias
Tema II La Verdad de las Cartas a las 7 Iglesias
La Verdad de las 7 Plagas del Apocalipsis
Tema V La Verdad de las 7 Plagas del Apocalipsis
La Gloria Final
Tema VII La Gloria Final
La Verdad de los 7 Sellos del Apocalipsis
Tema III La Verdad de los 7 Sellos del Apocalipsis
La Luz y Caída de la Gran Ciudad
Tema VI La Luz y Caída de la Gran Ciudad
Qué son Estas Revelaciones
Qué son Estas Revelaciones ??

 

 

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