LA GLORIA FINAL
Y yo, Juan, vi la Ciudad Santa, la Nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una novia ataviada para su esposo (Ap.21,2).
El cielo nuevo y la tierra nueva, los que estén aquí en ese momento final, llenos del Espíritu Santo, vivirán en la plenitud, elevados sobre todo, vivificados, llenos de la gloria, que se une a la gloria que desde el Padre inunda a la Nueva Jerusalén. Y se hace presente Jesucristo, como está escrito. Al hacerse Presencia los arrebata y se funden en uno. Ésta es la visión: la ve bajada del cielo, y su gloria es como la de una novia ataviada para su esposo. Aún no habrán sido "las Bodas del Cordero". Será esta Nueva Jerusalén, tal como dice la voz:
Y oí una gran voz del cielo que decía: “He aquí la morada de Dios con los hombres, y él morará con ellos, y ellos serán su pueblo y el Dios con ellos, será su Dios (Ap. 21, 3).
El Dios con ellos es Jesucristo a la derecha del Padre, y todos unidos en Cristo: la morada de Dios con los hombres. Así nos dio a saber: “Que sean uno… yo en ellos y tú en mí… quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplen mi gloria”. Están aún a la espera de subir a la gloria eterna, a la Eterna Jerusalén.
Enjugará Dios toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá mas llantos, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado” (Ap.21,4).
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