Llamada
especial a las Iglesias.
¡El Apocalipsis proclama la unidad en la única Iglesia de Cristo!
LAS IGLESIAS HAN DE DESPERTAR Y VER LO QUE EL SEÑOR QUIERE DECIRLES HOY MUY ESPECIALMENTE A ELLAS, EN ESTAS REVELACIONES QUE NOS LLEGAN DESPUES DE CASI DOS MILENIOS DE ESCRITO EL APOCALIPSIS
Nuestra misión es sembrar. Aquí hay una siembra que a Dios nuestro Señor le corresponde regar con su lluvia y hacer crecer para bien de muchos.
La Nueva Jerusalén la Novia del Cordero
Vi un cielo nuevo y una
tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra
pasaron, y el mar ya no existe más
(Ap.21,1).
La primera tierra y el mar
que desaparecen se refiere a la vida de los que aún estamos
aquí, en esta lucha en la que unos son tierra para
ser sembrada por la Palabra y dar frutos (primera trompeta)
y otros están en ese mar que es el estado de los que
aquí viven la Vida en Dios (segunda trompeta).
Recordamos una vez más que cielo es todo lo que está velado
para nosotros aquí. Pero ya en ese momento final, habrá
un cielo nuevo, por la Luz poderosa que se hace en
todos, y una tierra nueva porque todos estarán
convertidos, viven llenos de Dios por el poder del Espíritu
Santo. Ya habrá pasado todo lo viejo y todos estarán en la
plenitud que Cristo vino a traer para todos.
Es el Día, la hora de la manifestación
de la Nueva Jerusalén, como se dijo en las siete
plagas: “Se abrió el Santuario…
se llenó del humo que salía de la gloria de Dios y de su
poder. Nadie podía entrar en el Santuario hasta la
consumación de las siete plagas de los siete ángeles”.
Entrarán después los
últimos salvados, purificados en la tribulación final, los
que son tierra nueva, y viven un cielo nuevo.
Se unirán en el encuentro con el Señor “en los aires”.
Se explica en el siguiente versículo:
Y
yo, Juan, vi la Ciudad Santa, la Nueva Jerusalén, descender
del cielo, de Dios, dispuesta como una novia ataviada para
su esposo
(Ap.21,2).
El cielo nuevo y la tierra nueva,
los que estén aquí en ese momento, llenos del Espíritu
Santo, vivirán en la plenitud, elevados sobre todo,
vivificados, llenos de la gloria, que se une a la gloria que
desde el Padre inunda a la Nueva Jerusalén, y se hace
presente Jesucristo, como está escrito. Al hacerse presencia
los arrebata y se funden en uno. Ésta es la visión: la ve
bajada del cielo, y su gloria es como la de una novia
ataviada para su esposo. Aún no habrán sido "las Bodas
del Cordero". Será esta Nueva Jerusalén, tal como
dice la voz:
Y oí una gran voz del cielo
que decía: “He aquí la morada de Dios con los hombres, y él
morará con ellos, y ellos serán su pueblo y el Dios con
ellos, será su Dios
(Ap. 21, 3).
El Dios con ellos
es
Jesucristo a la derecha del Padre, y todos unidos en
Cristo: la morada de Dios con los hombres. Así
nos dio a saber: “Que sean uno… yo en ellos y tú en mí…
quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que
contemplen mi gloria”.
Están aún a la espera de subir a la gloria eterna.
Enjugará Dios toda lágrima de
sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá mas llantos, ni
clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado”
(Ap.21,4).
Y así lo confirma otra vez la voz de Dios
desde el Trono:
Y el que estaba sentado en el
trono dijo: “He aquí, yo hago nuevas todas las cosas”. Y me
dijo: “Escribe, porque estas palabras son fieles y
verdaderas”. Y me dijo: “Hecho está. Yo soy el Alfa y la
Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré
gratuitamente de la fuente del agua de la Vida
(Ap.21, 5-6).
Todo es nuevo, viven felices, pero aún tendrán sed de
Dios, anhelan más de Dios: la eternidad que vendrá después,
la unidad en el Padre, cuando sean “Las Bodas del Cordero”.
En ese estado aún el espíritu está en cada alma, cada alma
espera el premio, porque es la Novia, “envuelta en
el humo de la gloria de Dios”.
Luego a la Jerusalén Eterna, llegará cada espíritu, a la
unidad con el Padre.
El que venciere heredará
todas las cosas, y yo seré su Dios y él será mi hijo
(Ap.21,7).
No
habrá ningún otro estado en el que se perdone ya ningún
pecado porque allí todo es puro. Por esto Jesús dijo que ni
en este mundo ni en el otro se perdonaría el pecado en
contra del Espíritu Santo.
Es el Espíritu Santo el que nos lleva a Cristo, y quien lo
rechace, por sí mismo nunca podrá llegar. Es Cristo el que
nos justifica y nos une al Padre. Y aquí vuelve a recordar
que a la Nueva Jerusalén, no podrán entrar los
impuros:
Pero los cobardes e
incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y
hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su
parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la
muerte segunda”
(Ap. 21,8).
Y por fin, sí se muestra a la
Novia convertida ya en Esposa del Cordero, en los
siguientes versículos.
(Jn.10,10)
2(Ap.
15, 5-8) 3(1Tes.4,17)
El texto bíblico completo
correspondiente a este tema se encuentra en la pág.
254
Advertencia
Para poder comprender la misión profética de este libro, que es constructiva como todo lo que viene de Dios, ha de leerse completo.
Cualquier juicio de valor al interpretar sólo estos versículos, sería erróneo.
Este texto continúa en el libro

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