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Llamada Especial a las Iglesias.

¡El Apocalipsis proclama la unidad en la única Iglesia de Cristo!

LAS IGLESIAS HAN DE DESPERTAR Y VER LO QUE EL SEÑOR QUIERE DECIRLES HOY MUY ESPECIALMENTE A ELLAS, EN ESTAS REVELACIONES QUE NOS LLEGAN DESPUES DE CASI DOS MILENIOS DE ESCRITO EL APOCALIPSIS

Nuestra misión es sembrar. Aquí hay una siembra que a Dios nuestro Señor le corresponde regar con su lluvia y hacer crecer para bien de muchos.

La Sexta Trompeta está Sonando

Anuncio del Ejército de Profetas

Tocó el sexto ángel su trompeta, y oí otra voz que salía de entre los cuernos del altar de oro que está delante de Dios. A este ángel que tenia la trompeta, la voz le dijo: “Suelta a los cuatro ángeles que están atados a la orilla del gran río Éufrates” (Ap.9,13,14).

 

La voz que pregona la Verdad sale del altar, "lugar" de las ofrendas, "lugar" en el que están representadas todas las vidas ofrendadas, entregadas, de los que se han salvado porque siguieron el camino de Cristo, el Cordero inmolado por todos nosotros. Los cuernos son los medios por los que se pregona la Verdad, por los que nos llega la Verdad. Son cuatro los que pregonan al unísono, como una sola voz, porque la Verdad es una. [1] La Verdad, que ahora se pregona al completo, como indica el que sean cuatro los cuernos. Nos quiere hacer ver esta visión que nos llega la Verdad desde todos los ángulos (desde los cuatro puntos cardinales) como para preparación de ese final que será glorioso, después de la gran tribulación, del tiempo de confusión ya anunciado. Y es para este momento de tribulación para lo que se proclama al máximo la Verdad, como nunca antes se había proclamado, y conforme ya había sido predicho por Jesús: “Pero primero el evangelio será anunciado a todos los pueblos”.[2]

Y para ello, esa voz que sale del altar, porque es precisamente para la humanidad entera el aviso, dice que suelte a los cuatro ángeles que están  atados a la orilla del gran río Éufrates (es el mismo río que ya se nombró como parte del Paraíso). Ese gran río, que es agua que limpia, la Verdad que nos purifica, que nos hace libres, el Amor que nos da la Vida en Dios y cuanto es en Dios; ahí, a la orilla del  gran río están atados esos ángeles.

Habrían de venir aún ángeles que estaban atados, como guardando la Verdad completa que nos llega para preparar ese final glorioso. Estos ángeles que ahora son soltados van a completar lo que aún nosotros no habíamos podido recibir porque no nos habíamos abierto completamente a recibir; por nuestra cerrazón, por la dureza de nuestro corazón, tardo en entregarse completamente a Dios, y  tal vez, conforme con vivir a medias entre el mundo y Dios. Jesús les dijo a sus discípulos en su discurso de despedida: “Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no estáis capacitados. Cuando venga Él, el Espíritu de la Verdad, os guiará a la Verdad completa, pues no os hablará por su cuenta, sino que os dirá lo que ha oído y anunciará las cosas venideras”.[3] Y todos conocemos cómo el Espíritu Santo se manifestó prodigiosamente sobre los apóstoles. Y entendieron las Escrituras. Y comprendieron lo que en el Antiguo Testamento los profetas habían anunciado acerca de Jesús: que Jesús es el Mesías prometido.

Aquéllos discípulos, tan cerca de Jesús, estaban en un momento que no podían recibirlo todo. Y esto es lo mismo que a nosotros nos ha pasado. Pero esta profecía  nos dice que los cuatro ángeles que estaban atados son soltados, para darnos a entender que aquella profecía del profeta Joel comienza a realizarse: todos profetizarán. [4] Hemos de abrir nuestros corazones, nuestros oídos, para recibir, y nuestras bocas para proclamar cuanto Dios quiere hoy hacer llegar hasta los confines de la Tierra.

Estos ángeles que son soltados, son los que inspiran a los profetas para que a través de ellos llegue la Verdad a todos: “Él enviará a sus ángeles con sonora trompeta, y reunirán de los cuatro vientos a sus elegidos, desde un extremo de los cielos hasta el otro”.[5] Y esos profetas son los que van pregonando al Dios Vivo, al Dios que está en medio de nosotros, que no está lejos, sino en cada uno que le abre su corazón; porque ”Él está a la puerta y llama para entrar y cenar con nosotros”.[6] Estos ángeles anunciadores llegan para un momento preciso, porque se dice que:

Así que los cuatro ángeles que habían sido preparados precisamente para esa hora, y ese día, mes y año, quedaron sueltos para matar a la tercera parte de la humanidad. (Ap.9, 15).

            Este momento preciso, es el de la gran tribulación final. Llega la hora de que sean soltados los ángeles que estaban atados para nosotros, porque vivían junto a la gloria de Dios, que es el gran río, y vienen a matar. Este matar se refiere a que cuando recibimos la Verdad nosotros morimos a nosotros mismos, a todo lo que habíamos sido, a todo lo que habíamos vivido, porque la Verdad entra en nosotros y nos convertimos. Y se produce ese “morir del hombre viejo” y ese “nacer del hombre nuevo” como dijo Jesús a Nicodemo, maestro de la Ley.[7]

Por eso, esa fecha de hora, día, mes, y año, es a nivel de cada uno que renace, y es a gran nivel, porque serán muchos los convertidos en esa gran tribulación final. Siempre  que en el corazón del hombre se dé el arrepentimiento y la conversión radical, éste nace de nuevo. Por esto se dice que los ángeles vienen a matar.

Que son los ángeles los que inspiran a los elegidos para que ellos proclamen la Verdad se vuelve a confirmar en el versículo siguiente:

 

El número de su tropa de caballería era de doscientos millones; pude oír su número. Así vi en la visión los caballos y a los que los montaban: tenían corazas de color de fuego, de jacinto y de azufre; las cabezas de los caballos como cabezas  de león y de sus bocas salía fuego y humo y azufre (Ap.9,16-17).

 

Los doscientos millones, profetizan la Verdad de la salvación, son los profetas. ¡Un gran ejército de Dios, iluminado para proclamar! El número es simbólico, que nos indica que han sido y serán muchos los portadores de la Verdad, los que viviendo en Dios son Luz para los demás; pero son también hombres imperfectos por lo que aquí se dice de ellos que sus caballos (en lo que cabalgan) y ellos mismos, tenían corazas de color de fuego, de jacinto y de azufre. Los caballos ya hemos visto que simbolizan todo aquello en lo que nosotros vivimos, en lo que ellos viven: sus proyectos, ideales, metas, su propia realidad humana, con sus propias aptitudes y actitudes, defectos, creencias etc. Y ellos y sus caballos tenían corazas de color de fuego jacinto y azufre. Veamos el simbolismo de éstos colores en los profetas y en su misión, en la obra que Dios les inspira:

El fuego es el Amor. Están protegidos por el Amor; son hombres de Dios, llevan una coraza que los defiende: el Amor de Dios en sus corazones.

El color del jacinto, una flor sencilla, olorosa, bella: una vida sencilla, tal como Dios la da, humilde; son hombres que viven una Vida en Dios pero también caen. Y por ello el azufre que es el lado malo, sus propios fallos, los contratiempos en su misión, por lo que precisan siempre discernir entre el bien y el mal, tanto para ellos mismos como para la misión que tienen encomendada y así permanecer en la línea de lo que Dios quiere de ellos. El mal está al acecho para echar abajo toda obra de Dios.

 Los profetas son también vulnerables al mal. Por eso van sobre caballos que tenían como cabezas de león, pero que no son realmente cabezas de león, sino "como" si fueran de león. Quiere decir que en todo aquello sobre lo que ellos “cabalgan” no tienen poder absoluto (igual que se dijo de las langostas). Si el león es el rey de la selva, ellos no tienen dominio absoluto sobre sí mismos ni sobre las circunstancias, en el sentido espiritual. Ellos son hombres como todos. Pero a pesar de ello cabalgan llevados por la fuerza que, como el león, los hace ser testigos, fortalecidos por el Amor de Dios  (el fuego) la vida sencilla (el jacinto) y su propia humanidad que los arrastra al mal, a errar, y que han de ir dominando siempre (el azufre). Y eso que ellos viven es lo que llevan a los demás. Son los profetas portadores de la Palabra:

 

La tercera parte de la humanidad murió a causa de las tres plagas de fuego, humo y azufre que salían  de la boca de los caballos (Ap.9, 18).

 

El fuego, el humo y el azufre ahora se les llama plagas para hacernos ver su efecto purificador. Aquí, ese morir, se refiere a que su testimonio es efectivo, que la conversión llega a otros a través de estos profetas que testimonian que a pesar de todas sus limitaciones humanas, por encima está el poder inmenso del Amor de Dios; que hemos de llenarnos de ese Amor y llevarlo a los demás, y que el Amor transforma, limpia y salva; para que nadie tema a su propia debilidad sino que confíe en el poder inmenso del Amor de Dios, cuando se le busca y se vive en la entrega a Él.

Y ese Amor, que convierte y salva, es fuego, y cuando prende, quema y echa humo. Son  las conversiones. El ejemplo de su propia conversión, todo lo que se quema de ellos, es testimonio que llega a los demás y los ayuda a convertirse también. Es decir, el fuego purifica, transforma, libera y convierte. Es el Amor que es vivido y recibido por los demás.

No hay hombre que tenga una vida completamente perfecta, y los profetas también yerran y pecan. Este testimonio de cómo sus propias vidas son tan humanas como la de todos los demás, pero que en ellos el Amor de Dios todo lo transforma, es la Verdad que llega a otros y los hace también cambiar. Es la misión de los profetas.

Porque el azufre, simboliza como en el versículo anterior, lo malo, lo que hay que erradicar, lo que hay que curar: las heridas de sus caídas en esta lucha en la que también ellos viven, a pesar de ser los profetas.

         Y eso, que es un testimonio que proclaman porque sale de sus bocas otros lo comprenden, de que aún siendo elegidos son tan vulnerables como todos los hombres, eso es lo que aquí se dice que llega a los demás; y que con ello (con el fuego, el humo y el azufre)  la tercera parte de la humanidad murió.

Y así con este Amor inmenso que Dios pone en ellos, y con todas las flaquezas de su propia condición humana, “cabalgan” estos profetas. Y esta dualidad que confluye en ellos, se expresa en el siguiente versículo:

 

Porque el poder de los caballos radicaba en sus bocas y sus colas; pues sus colas semejantes a serpientes tenían cabezas con las que hacían daño (Ap.9, 19).

 

El poder en sus bocas es la Verdad que van proclamando, como decía el versículo anterior, el poder de la Palabra, el poder del Evangelio, del Amor que fluye a través de ellos, porque grande es el Señor que los unge, los levanta y sostiene. Pero ese poder no cabalga libre, sino limitado a su condición de hombres, sujetos a las tribulaciones, como ya hemos dicho. Y eso se refleja en su misión, vulnerable al daño que otros puedan inferirle, porque toda obra de Dios es atacada por el mal que usa a los propios hombres. Es lo que arrastran en sus colas semejantes a serpientes. Por eso se dice que el poder está también en sus colas. Si el poder que se les ha dado en sus bocas es para hacer el bien, proclamar y bendecir, y que se puedan otros salvar a través de la Palabra que proclaman, en cambio, el poder que arrastran en sus colas es todo lo contrario: sus colas semejantes a serpientes tenían  cabezas con las que hacían daño.

Las cabezas en sus colas son sus propios pecados que provocan los errores en su misión y que los dañan a ellos mismos; pero también dañan a todos los que puedan escandalizarse de que en la misión, los profetas puedan tener fallos. Y además, el daño directo que pueda afectar a aquéllos que sean objeto de la maldad que ellos cometan. Los profetas están en la misma lucha en que todos nos encontramos. Y nosotros, y ellos, hemos de escuchar las palabras de Jesús cuando nos dice: “No juzguéis y no seréis juzgados…porque con la misma medida con la que midáis seréis medidos”.[8]

Aún así, muchos los escuchan, los ven en su verdadera dimensión de hombres al servicio de Dios, y toman la Verdad de la que éstos son testigos; siguen la Verdad del Evangelio que es la Buena Nueva de la salvación. Y así muchos se salvan. Es lo que se dijo, que a través de su misión, la tercera parte de los hombres se salva, que la tercera parte de los hombres murió. Ahora en el versículo siguiente se dice de los demás, los que no murieron, los que no se  salvan, esto:

 

Pero los demás hombres, los que no murieron a causa de estas  plagas, no se convirtieron de las obras de sus manos; no dejaron de adorar a los demonios y a los ídolos de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, que no pueden ver, ni oír, ni caminar ( Ap 9,20).

 

Los demás hombres que no escucharon, ni se dejaron llenar por la Verdad que proclamaban los profetas, son los que no se salvan. Son los que siguieron las obras de sus manos, lo meramente humano, se dejaron arrastrar por: los demonios: porque sus corazones se dejaron llenar por la maldad: la venganza, los placeres, la vanidad  y la ostentación, que son los poderes del maligno.

            La idolatría: los valores propios del mundo que por grandes, atractivos, o valiosos que puedan parecer, son valores efímeros que se extinguen inevitablemente; no dan la Vida ni colman la sed del corazón del hombre, que aspira a la felicidad.

Ellos hicieron un trono en su corazón, adoraron todo ello: ídolos de oro, plata, bronce, piedra y madera que representan la escala de valores humanos, porque cada uno le da un valor preferencial a algo de lo que hace la meta ideal de su vida, y va viviendo en pos de la consecución de esa meta, malgastando lo más valioso que Dios nos ha dado, la propia vida aquí, que es el medio para llegar a conseguir la Vida eterna. Como en la parábola del "Hijo pródigo" van derrochando las riquezas que Dios nuestro Padre nos ha dado como gracia para heredar su Reino. [9]

Es lo que Jesús dijo a Marta, tan afanada por los quehaceres humanos.[10] Y recuerda: “Basta a cada día su propio afán”.[11] Todos esos ídolos a los que el hombre entrega su vida cuando no escucha la Verdad que Dios nos da para todos, no son en verdad nada. No pueden hacer al hombre libre y feliz, porque sólo la Verdad nos hace libres.[12] Pero esta realidad espiritual, también se manifiesta materialmente en la contemplación y culto a las imágenes. Al principio de este tema recordábamos que en ejemplos dados en la Biblia, se manifiestan a la par las dos realidades: la espiritual y material. Sobre la contemplación y culto a las imágenes, a  los ídolos de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, que no pueden ver, ni oír, ni caminar, lo que nos aclara aquí el Señor, es: “Los que así hacen no han visto que  Yo Soy”. Él vive en cada uno, no en las imágenes.

De esos ídolos que los hombres llevan en su corazón se dice que no pueden ver, ni oír, ni caminar; son algo completamente inanimado y se representa así para que veamos que nada pueden darnos a nuestra vida; que esos ídolos no pueden llenar el vacío del corazón del hombre, que el corazón del hombre no está hecho para las cosas, sino que el corazón del hombre está hecho para ser trono de Dios; que en ese trono hemos de ofrendar, como en un altar, todo lo que somos, todo lo que tenemos, todo lo que hacemos. Dios siempre nos está llamando para que nos acerquemos a Él; porque esos ídolos no nos hacen caminar sino que nos paralizan, en el sentido espiritual. En cambio Dios es el Dios Vivo, el Dios que sí se manifiesta a través de sus obras maravillosas, y va transformando nuestras vidas, obrando en nosotros si nos dejamos llenar de su Santo Espíritu. Pero los corazones de aquéllos dominados por la maldad e idolatría, no les permitieron ver para arrepentirse. Y es triste que todos ésos que adoraron esos ídolos, no se arrepintieran:

 

No se arrepintieron de sus asesinatos, ni de sus hechicerías, ni de sus fornicaciones, ni de sus rapiñas (Ap.9,20-21).

 

De sus asesinatos, porque con su maldad muchas almas pudieron matar.

Ni de sus hechicerías, porque con maldad y astucia pudieron engañar a otros para que siguieran sus idolatrías, a sus falsos dioses.

Ni de sus fornicaciones, porque estaban abiertamente faltando a la Ley que Dios ha puesto en el corazón de cada hombre.

Ni de sus rapiñas, porque descaradamente y de forma violenta arrebataban la paz y los bienes del Espíritu a otros, con sus maldades. Defrauda a esos profetas el ver que es rechazada la Verdad.

Por esto, se puede entender más claro que Jesús dijera: “Y si aquéllos días no fuesen acortados, no se salvaría nadie; pero en atención a los escogidos se acortarán aquéllos días”. [13] Y es que tanta confusión llega a afectar a los profetas que pueden ser engañados, llegar a un estado de tibieza, queriendo compaginar la Verdad que Dios nos ha dado con las verdades que nos da el mundo, quizás, hasta con su lógica. Hemos de estar atentos a lo que proclaman los profetas de Dios, estar despiertos al testimonio de Jesús, el Único por quien podemos ser salvados. Él nos da cuanto vayamos necesitando y nos avisa a través de los profetas.

Y los profetas reciben gracias extraordinarias, como sucede en esta experiencia que veremos ahora, y que nos relata el evangelista cuando recibe un libro que ha de devorar. En este capítulo X que sigue a continuación, veremos la tribulación de los profetas también.

69(Jn.16,13) 70(Mc 13,10)   71(Jn 16,13)

72(Jl.3,1ss) 73(Mt 24,21)   74(Ap 3,20)    75(Jn 3,8)

[8] (Lc 6, 37-38)

77 (Lc.. 15,11ss)    78(Lc.. 10,41)   79(Mt.. 6,34)   80(Jn. 8,32)

81(Mt 24,22)

 

Advertencia

Para poder comprender la misión profética de este libro, que es constructiva como todo lo que viene de Dios, ha de leerse completo.

Cualquier juicio de valor al interpretar sólo estos versículos, sería erróneo.

Este texto continúa en el libro

 

Misión Profética del Apocalipsis
Tema I Misión Profética del Apocalipsis
    
La Verdad de las 7 Trompetas del Apoc.
Tema IV La Verdad de las 7 Trompetas del Apocalipsis
    

La Verdad de las Cartas a las 7 Iglesias
Tema II La Verdad de las Cartas a las 7 Iglesias
La Verdad de las 7 Plagas del Apocalipsis
Tema V La Verdad de las 7 Plagas del Apocalipsis
La Gloria Final
Tema VII La Gloria Final
La Verdad de los 7 Sellos del Apocalipsis
Tema III La Verdad de los 7 Sellos del Apocalipsis
La Luz y Caída de la Gran Ciudad
Tema VI La Luz y Caída de la Gran Ciudad
Qué son Estas Revelaciones
Qué son Estas Revelaciones ??

 

                                                              

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